Esta historia comienza con mi curiosidad, mi naturaleza, la incapacidad de conformarme con lo conseguido y el deseo de vivir con más intensidad la vida y disfrutarla a tope. ¿Qué cosas de la vida o que deseos ocultos dentro de nosotros, son los que nos mueven a ir más allá de los limites decentemente establecidos por la sociedad o por la familia?

En frente de todo ello, está la pregunta del sentido o no de la vida. La búsqueda del donde, porque y hacia dónde. Sueños y esperanzas que la droga en parte te satisface. 

Desde pequeño quise saber qué es lo que había detrás de las cosas. Como funcionaban y cuál era la magia que las hacia moverse. Por ejemplo, a los 8 años desarmé mi primera radio que acabó en la basura. Con 10, desarmé nuestro secador de pelo en pedacitos y lo volví a montar. En vez de aire salió una llama disparada del tubo que casi me cuesta el pelo. Con 11, me caí de un barranco porque elegí el camino más peligroso para volver a casa. Si, desde niño siempre me ha atraído todo aquello que estaba prohibido o desconocido.  

Por esta arriesgada forma de vivir, mis padres vivían en constante temor. Con 14 años me bauticé en la iglesia evangélica después de asistir a un campamento cristiano. Tenía una novia con la que más tarde me casé. Proseguí con mis estudios de mecánica, y al acabar, con 19 años me fui a Colombia invitado por mi hermana, donde pude conocer gente “chévere”. En esa época me dieron a probar la cocaína, y me dieron unos gramos de regalo que me traje a España. Todos mis amigos estaban entusiasmados, así que empecé a traficar cocaína en Suiza, Italia y España. Estaba claro que pese a haberme bautizado años atrás, estaba muy lejos del Señor. En poco tiempo me di cuenta de que tenía 4 ases en la mano. Dinero, mujeres, drogas y fama. 

Estaba claro que pese a haberme bautizado años atrás, estaba muy lejos del Señor.

Durante unos años, todo fue muy bien hasta que salieron mal unas entregas y fue entonces cuando me di cuenta de lo enganchado que estaba y que, si no tienes nada, no eres nadie.

Me vi en la calle con el VIH, pidiendo, robando y engañando a cualquiera por unos pocos euros para poder quitarme el mono. Al final, acabé en la cárcel después de un divorcio, lo que me dio tiempo para reflexionar y acordarme de un versículo que tenía memorizado. Juan 14:6: “Jesús dijo; yo soy el camino la verdad y la vida.” ¿Cuántos caminos equivocados, cuanta falsedad y que vida es la que llevaba? 

Allí solo en mi celda, a oscuras, volví abrir mi corazón a Dios.

Después de aquello, pasé por varios centros cristianos, por proyecto hombre…con idas y venidas de la droga, hasta que por fin conseguí estar limpio y dedicar mi vida entera al Señor.

Hoy en día puedo decir claramente y con total seguridad que tengo una escalera de color. Todo lo que perdí lo vuelvo a tener. Salud, trabajo, una mujer, hobbies y una vida sin preocupaciones. Exactamente, sin preocupaciones, porque la Biblia dice que no nos tenemos que preocupar por nada. Dios es el que cuida de sus hijos. (Nosotros tenemos que ocuparnos de las cosas) 

Tú también tienes muchas promesas en esta Biblia. Te animo a que la leas y estudies para que cada día puedas ver milagros en tu vida. 

Anímate y habla con tu padre celestial como con tu mejor amigo. Dile que te has equivocado. Pide perdón y veras como Él hace que, como hizo con un caso perdido como el mío, vuelvas a sonreír y a tener paz. 

 

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